¡Hola de nuevo!
Como bien os dije,
esta entrada tratará sobre los protocolos de actuación usados en la docencia
para solventar las diferentes situaciones que puedan darse en la vida de
nuestros alumnos y alumnas. En edad escolar, son muchos los comportamientos que
los niños y niñas aprenden y como consecuencia, representan. El docente siempre
deberá estar preparado para asumir las dificultades de las vivencias de sus
alumnos y alumnas y así, trabajar conjuntamente con las familias para conseguir
el completo desarrollo del pequeño o de la pequeña.
Los más difíciles de
tratar son los procesos de duelo. Desgraciadamente, a lo largo de nuestra
experiencia profesional nos vamos a encontrar con diferentes circunstancias. Se
podría decir que en Educación Infantil es más fácil tratar estos temas por la temprana
edad. Pero siendo claros, es la etapa más importante para su desarrollo
socio-afectivo y problemáticas como ésta deben ser tratadas con la delicadeza y
la dedicación profesional que merece.
Los docentes deberán estar preparados en cualquier nivel de la
educación para saber actuar ante las diferentes características del alumnado.
No es igual el trato con un niño o niña de 8 años o con un alumno o alumna de
22 años. Pero sí que existen características comunes: en ambos casos, el
profesorado debe estar preparado para tratar dicho tema y seguir el protocolo
adecuado en torno a faltas de asistencia, comportamientos, reuniones
familiares...
A continuación, expongo un caso real que casi un año después,
sigue estando presente en la vida de los involucrados y siguen recibiendo
atención especializada, más allá de los docentes implicados.
INCIDENTE REAL:
Laura tiene 8 años y
hace 18 meses nació su hermanito Lukas. Ambos viven con su padre y su madre en
una zona rural pero solo Laura asiste al colegio. Se encuentra en 3º de
Primaria. Una mañana de febrero el centro recibe una llamada de un familiar de
la madre de Laura; su hermano Lukas ha fallecido por atragantamiento. Además,
nos comunica que irá una vecina a recoger a Laura y la llevará a su casa hasta
que los padres se encuentren en condiciones de atenderla y contarla lo
sucedido.
Para Laura, la
llegada de su hermano había sido algo maravilloso. En clase, desde que su madre
la dijo que estaba esperando un hermanito, se ha mostrado encantada con la idea
y se lo ha contado a sus compañeros como una gran noticia. Después del
nacimiento del pequeño, cada vez que venían a recogerla con él, corría hasta el
cochecillo a besarlo y abrazarlo y se lo enseñaba a todos sus amigos y amigas.
Simplemente, le encantaba tener un hermano, lo sentía como algo suyo.
Los profesores
aterrados ante la noticia se pusieron manos a la obra. Obviamente, al día
siguiente, Laura no fue a clase pero su padre llamó. En esa llamada, contó cómo
se lo habían contado a la pequeña y pedía consejos para afrontar la situación
de una manera correcta. Sus palabras fueron: "Se me va de las manos esta
situación. No sé qué tengo que hacer."
Lo primero, era preparar
a los compañeros y compañeras para que supieran como hablar con Laura, qué
decirla, qué no decirla para no hacerla daño... No fue un tema fácil de hablar
con niños y niñas de tan sólo 8 años. Algunos ya habían sufrido alguna pérdida
(abuelo, mascota, tío...) pero la mayoría no sabían lo que eso significaba y se
complicaba más teniendo en cuenta de la dramática situación del fallecimiento.
Laura estuvo 2 días
sin ir al colegio, después fue fin de semana y para el lunes los psicólogos que
habían tratado el duelo con ellos les recomendaron una vuelta a clase
inmediata, vuelta a la normalidad. En el colegio ya estaban avisados y los
profesores tenían todo preparado:
Se había establecido
un protocolo de actuación para trabajar con Laura la pérdida de su hermano. Se
exigía un proceso de observación para detectar posibles cambios en el
comportamiento de Laura. Para la sorpresa de todos, Laura hacia como si nada
hubiera pasado.
Al llegar a la
escuela, sus amigas más íntimas de clase la acogieron con mucho cariño
diciéndola que no iba a estar sola en clase y que la querían mucho. Laura se
dejaba querer pero unas horas después se mostró reacia a las muestras de cariño
contestando mal. "¡Ay! ¡Déjame en paz ya!" le dijo a uno de sus
compañeros de aula.
La misma mañana, tanto Laura como su padre y su madre hablaron por diferentes vías con la psicóloga del centro y por la tarde hubo una reunión extraordinaria con el profesorado implicado para planificar la observación que se iba a llevar a cabo y durante cuanto tiempo.
En esa reunión se decidió
lo siguiente:
¿Qué se iba a observar? En términos
generales, lo que querían observar eran comportamientos poco habituales en
ella: pérdida de atención, imposibilidad para resolver conflictos, conductas
manifiestas…
¿Qué unidades de medida se iban a utilizar? La psicóloga del
centro aconsejó utilizar unidades de frecuencia puesto que Laura, en la
situación en la que se encuentra, sí que va a tener conductas desordenadas pero
la importancia está en no dejar que esa conducta se interiorice y se tome como
rutina.
¿Con qué se va a observar? Se utilizarán tablas
para el registro similar a la siguiente:
Nunca
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A veces
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Siempre
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Contesta cuando le preguntan qué tal está
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Juega simbólicamente con muñecos
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Responde agresivamente a las preguntas sobre su familia
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Responde a preguntas sobre cómo murió su hermano
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Habla de lo sucedido
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Pregunta al docente dudas sobre lo sucedido
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Técnicas para la resolución de conflictos
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Pierde atención
|
¿En qué situación? Se observará durante los
momentos de ocio, tanto en el tiempo de recreo como en actividades dinámicas
que se realicen dentro del aula.
¿Quién o quiénes van a realizar la observación? La observación es
tarea de los docentes, por lo tanto la realizarán el tutor o la tutora del
aula, el profesor de educación física y la profesora de música puesto que entre
ellos se desarrollan más actividades dinámicas.
Esta tarea irá
conjuntamente realizada con la psicóloga del centro que se reunirá con Laura
tres veces por semana durante los próximos 4 meses, y la constante anotación de
sucesos que irá desarrollando el tutor o la tutora del aula.
El centro, en todo momento tiene que estar en contacto tanto con
la familia como con los profesionales que trabajan el proceso fuera del centro.
En muchas ocasiones, serán los profesionales particulares quienes dirán cómo
trabajar la situación en el aula. Desde la escuela sólo queda observar y
mantener informados de cualquier cambio en el desarrollo de Laura.
Puesto que en 4 meses se terminaba la jornada lectiva, los profesionales implicados en el desarrollo de Laura se reunían cada dos semanas e intentaban sacar conclusiones de los datos obtenidos para realizar posibles cambios en la planificación. Ha pasado casi un año y el trabajo no ha terminado. Al inicio del siguiente curso los nuevos docentes involucrados también tuvieron varias entrevistas con los padres y reuniones con el anterior equipo para conocer a la perfección la circunstancia y poder seguir trabajando con Laura.
Las entrevistas realizadas al padre y a la madre de Laura se separaban en dos rasgos: de tipo conductual y de tipo académico. En cuanto a los comportamientos conductuales era la psicóloga quien trasladaba la preocupación a los padres y trabajaba conjuntamente con ellos para reconducir el comportamiento. Y las cuestiones de tipo académico las trabajaba el tutor o tutora del aula con los familiares. Entre ambos equipos, el único objetivo a conseguir era propiciar un desarrollo emocional e intelectual acorde a la edad y a las características de Laura.
A mi parecer, no se puede establecer un registro continuo sin que sufra cambios. En procesos difíciles para momentos de la infancia como es un proceso de duelo y resultando ser traumático para la familia al completo. Un accidente llega por sorpresa y un docente debe estar preparado para atender en primer lugar, al alumno o alumna y en segundo lugar, para poder guiar a las familias en situaciones tan poco previstas como puede ser la explicada. Ante todo, establecer un vínculo de confianza con la familia que hará la comunicación más fluida y enriquecedora para la relación familia-escuela.
¡Gracias!
Maialen R. Uranga




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